Contenidos digitales accesibles: audio y vídeo accesible en tu web

El contenido audiovisual es el rey del consumo digital. Pero cada vídeo sin subtítulos, cada podcast sin transcripción y cada presentación en directo sin interpretación de lengua de signos es una puerta cerrada para millones de personas. Y lo que muchas organizaciones desconocen es que hacer accesible el contenido audiovisual no es solo una práctica recomendable: en muchos casos, está regulado por normativa con requisitos técnicos específicos.

 

Los tres pilares de la accesibilidad audiovisual

Cuando hablamos de hacer accesible un vídeo o un audio, hay tres recursos que trabajan en paralelo para cubrir necesidades distintas y, en algunos casos, están regulados con estándares técnicos propios:

  • Los subtítulos, para personas sordas o con hipoacusia.
  • La audiodescripción o transcripción, para personas ciegas o con baja visión.
  • La interpretación en lengua de signos, para personas sordas signantes.

Vamos a ver cada uno en detalle, incluyendo qué dice la normativa sobre cómo deben implementarse.

 

Subtítulos: existe una norma que regula cómo deben ser

Los subtítulos no son cualquier texto en pantalla. Existen requisitos técnicos precisos sobre cómo deben crearse para ser verdaderamente útiles para personas sordas o con hipoacusia. En España, la referencia normativa es la norma UNE 153010:2023, publicada por AENOR, que regula los subtítulos para personas sordas y con discapacidad auditiva en la comunicación audiovisual.

Esta norma establece criterios técnicos concretos para varios aspectos:

  • Velocidad de lectura: máximo 17 caracteres por segundo para contenido estándar, con ajustes según el tipo de contenido y audiencia. Una velocidad excesiva impide que muchos usuarios puedan leer el subtítulo completo.
  • Número de caracteres por línea y líneas por subtítulo: la norma limita la longitud de cada subtítulo para garantizar que sea legible sin saturar visualmente la imagen.
  • Posicionamiento: los subtítulos deben estar en la zona inferior de la pantalla salvo cuando haya texto en esa zona, en cuyo caso pueden reubicarse. También regula el posicionamiento para identificar al hablante en diálogos con varias personas.
  • Codificación de color por hablante: en producciones con múltiples voces, la norma recomienda asignar colores diferentes a cada persona que habla para facilitar la identificación sin depender de quién aparece en imagen.
  • Descripción de sonidos: los subtítulos deben incluir descripciones de sonidos relevantes no verbales, indicados entre paréntesis o corchetes: [música de fondo], [aplausos], [teléfono sonando], [habla fuera de pantalla].

La norma UNE 153010 es de obligatorio cumplimiento para los organismos del sector público español en su contenido audiovisual y constituye la referencia técnica también para el sector privado en España.

Los subtítulos automáticos generados por inteligencia artificial pueden ser un buen punto de partida, pero nunca un sustituto de la revisión humana. Los errores en nombres propios, vocabulario técnico y frases rápidas son habituales y pueden distorsionar o hacer inútil el contenido para quien depende de los subtítulos.

 

Transcripciones: accesibilidad y mucho más

La transcripción es el texto completo de todo lo que se dice en un audio o vídeo, junto con las descripciones de los elementos visuales y sonoros relevantes. Es la solución de accesibilidad más completa para el contenido audiovisual porque no requiere reproducir el vídeo ni el audio: toda la información está disponible en texto.

Las transcripciones son especialmente valiosas para:

  • Personas sordociegas, que acceden al contenido mediante líneas braille.
  • Personas que prefieren o necesitan leer en lugar de escuchar.
  • Personas que acceden en entornos donde el audio no es posible.
  • Motores de búsqueda, que indexan el texto de las transcripciones, no el audio del vídeo.

Las WCAG 2.1 establecen en su criterio 1.2.1 (nivel A) que el contenido de audio grabado que no es una alternativa a un vídeo debe tener una transcripción. Es un requisito mínimo que muchas organizaciones no cumplen, especialmente en el caso de podcasts y audios corporativos.

 

Lengua de signos: ¿está regulada su integración en vídeos?

La lengua de signos en contenido audiovisual es el recurso más específico y más exigente de implementar. En España, la Ley 27/2007, de reconocimiento de las lenguas de signos españolas, y su reglamento de desarrollo (Real Decreto 674/2023) establecen la obligación de proporcionar intérpretes de lengua de signos en determinados contextos de comunicación pública.

La normativa española obliga a los medios de comunicación audiovisual de cobertura estatal y a los organismos del sector público a incorporar lengua de signos en determinados contenidos: informativos, programas de especial relevancia informativa, mensajes de emergencia y anuncios institucionales de especial importancia.

Sin embargo, en lo que respecta específicamente a la integración técnica de la lengua de signos en vídeos publicados en web, la normativa española no establece requisitos técnicos tan detallados como los que existen para los subtítulos. Las WCAG 2.1 contemplan la lengua de signos como criterio de éxito de nivel AAA (el más exigente) en su criterio 1.2.6, lo que implica que es una recomendación de excelencia pero no un requisito mínimo de cumplimiento AA.

Las buenas prácticas de referencia para la integración de lengua de signos en vídeos web incluyen: ventana de intérprete visible y suficientemente grande (mínimo una quinta parte del ancho del vídeo), posicionada habitualmente en la esquina inferior derecha, con buena iluminación y fondo neutro que facilite la lectura de los signos, y sincronizada con el audio del vídeo.

 

Reproductores de vídeo: la accesibilidad del contenedor

Toda la accesibilidad del contenido audiovisual puede quedar anulada si el reproductor de vídeo en el que se muestra no es accesible. Un reproductor accesible debe ser completamente operable con teclado, tener controles con nombres descriptivos que puedan leer los lectores de pantalla, ofrecer acceso visible a los subtítulos y a la audiodescripción, y no reproducirse automáticamente al cargar la página.

YouTube y Vimeo han mejorado significativamente en este aspecto. Para implementaciones propias, AblePlayer es el reproductor de código abierto de referencia en accesibilidad.

 

Conclusión

Hacer accesible el contenido audiovisual no es un proyecto de gran escala: es un conjunto de decisiones concretas que pueden tomarse desde hoy. Activar y revisar los subtítulos automáticos, publicar transcripciones junto a los audios, elegir un reproductor de vídeo accesible e incorporar la lengua de signos en los contenidos más relevantes son pasos que cualquier organización puede dar de forma progresiva.

El coste de no hacerlo no es solo normativo: es la exclusión sistemática de personas que tienen tanto derecho a acceder al contenido como cualquier otra.